martes 27 de diciembre de 2011

La derecha es así…

La derecha conservadora es el gran lastre de la República Peruana. Después de la independencia se dedicó a formar un club privado aristócrata, guardando pleitesía al capital extranjero, permitiendo el latifundio en la sierra, ignorando a los indígenas amazónicos, usando el poder militar ante cualquier disidencia. Esa elite estuvo muy feliz con los Leguía, los Odría y todo títere que pudiera asegurarle sus privilegios, su estatus quo, la fuerza bruta para proteger sus intereses siempre que sea necesario.

La derecha conservadora se ocupó así de sembrar durante décadas minas antipersonales que le explotaron en la cara; primero, con Velasco que mediante sus reformas evitó una guerra civil, y luego el terrorismo que bebió de la miseria de miles de personas.

La derecha conservadora no ha aprendido la lección. En vez de preguntarse qué hizo mal como elite económica y política, se dedicó a hacer de Velasco un monstruo expropiador, ignoró las causas estructurales del terrorismo, y aprovechó el desastroso y corrupto primer gobierno aprista para aplicar políticas neoliberales radicales y poner una cruz al mínimo control estatal de la economía.


Hasta hoy la derecha conservadora no mide sus actos, es acéfala políticamente, sólo piensa con el bolsillo. Y es que se ha acostumbrado a perder elecciones y gobernar de todos modos a través de su poder mediático.

La derecha y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos

El gobierno de Ollanta Humala se convirtió de progresista a conservador en cuestión de meses. Sacó del INDEPA a una experta en interculturalidad y puso a un experto en ética empresarial; sacó del Ministerio de la Mujer a una feminista y reconocida líder de izquierda para poner a una fanática religiosa; hizo renunciar a referentes intelectuales y expertos de izquierda como José De Echave y Sinesio López, para poner a “tecnócratas” que se autoproclaman como “no políticos”, como lo hacen usualmente los agentes de los autoritarismos de derecha y los conservadores.

Ahora el gobierno hace eco a las opiniones que desde el fujimorato criticaban duramente al Sistema Interamericano de Derechos Humanos. El gobierno niega responsabilidad del Estado en el operativo Chavín de Huantar y arremete contra la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por llevar el caso a la Corte Interamericana. Sin embargo, de acuerdo con los peritajes forenses algunos terroristas fueron asesinados por agentes de inteligencia luego que depusieron las armas. Eso es delito incluso en situaciones de guerra de acuerdo con el Derecho Internacional humanitario. Es cierto que algunos de los implicados están siendo procesados en el fuero civil actualmente (lo que es el mayor argumento del Estado), sin embargo, nunca se anuló el proceso militar (que como tal es ilegal) que absolvió a todos los demás implicados. Además, el caso se relaciona con la detención arbitraria de Gladys Espinoza (acusada de ser miembro del MRTA y de haber participado en la toma de la Embajada de Japón), y su posterior sometimiento a condiciones de detención inhumanas durante su reclusión en el Penal de Yanamayo (entre enero de 1996 y abril de 2001), sin acceso a un tratamiento médico y alimentación adecuados, y sin la posibilidad de recibir visitas de familiares. Tales hechos no han sido investigados ni sancionados por las autoridades competentes, permaneciendo en la impunidad hasta la fecha.




Pero más allá de las cuestiones procesales, el tema es la actitud de la derecha conservadora. Mediante su campaña mediática arremete contra las organizaciones defensoras de derechos humanos, dándole un espacio al fujimorismo para que exalte su rol de "pacificador" durante el conflicto interno. Lo que sigue parece ser el indulto a Fujimori y una alianza subrepticia en el Congreso.

La derecha y Susana Villarán

A penas un mes después que asumió el cargo de alcaldesa de Lima Susana Villarán empezó a ser apabullada por la prensa de la derecha conservadora, esa que hizo todo lo posible para que ella perdiera (incluido las alertas de la subida del dólar del terrorista financiero PPK) y para que Keiko Fujimori gane las elecciones. Esa prensa día tras día sigue buscando la forma de revocarla. Usa fotos truncadas, tergiversa declaraciones, inventa patrañas.

Para politólogos de moda como Alberto Vergara o Carlos Meléndez el problema de Villarán es simplemente mal asesoramiento político, no se supo posicionarla bien en el tablero político y por eso la gente no la quiere. Pero análisis minimalistas de este tipo dejan de lado el tema de fondo que, como siempre, es estructural. El grupo el Comercio, la razón, el expreso, correo, en general, prensa basura al servicio de la derecha conservadora se esfuerza sobre manera para sacarla del espectro político. La alcaldía de Lima ha servido siempre como trampolín para candidatear a la presidencia. Al parecer lo que está en juego aquí es hundir desde el inicio cualquier posible contrincante para los candidatos amigos en las próximas elecciones.



Epílogo

La elite entonces prefiere declarar la muerte temprana de un político de centro izquierda, prefiere asegurarse por si las dudas. Pero acéfala como siempre, después de haberse levantado al gobierno de “la gran transformación” y expectorarlo de los “caviares”, abre un espacio gigantesco para que proyectos radicales entren en el escenario de las próximas elecciones. Entonces se asustarán de nuevo, berrincharán de nuevo y, finalmente, cuando pierdan, intentarán domesticar al radical de turno como lo hicieron con Humala. Pero ese no es el peor escenario. A la derecha conservadora no le incomodan las dictaduras, así que también podría darse el caso de un blindaje indefinido al posible autoritarismo del actual gobierno frente a una radicalización de las protestas sociales.

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