Children of men (2006) presenta un futuro de crisis. Desde hace 18 años las mujeres no pueden tener hijos; como consecuencia del desbalance económico todo el mundo se ha sumido en crisis políticas que ha dejado al Reino Unido como el único gobierno vigente. Por ello, muchos extranjeros intentan sobrevivir en los asilos de ese país, y el gobierno ha endurecido las leyes migratorias aplicando la pena de muerte a diestra y siniestra, estableciendo campos de refugiados para inmigrantes. En ese contexto, los activistas e inmigrantes se unen para exigir derechos y son considerados como terroristas por el gobierno. En Brave new world (1998) también estamos ante un mundo distópico en el cual luego de una gran guerra el planeta se ha dividido en dos: el mundo civilizado y los salvajes. En el primero, hay un gobierno todopoderoso que proscribe tener hijos, la alta tecnología permite que todos nazcan en el laboratorio, y el gobierno determina la cantidad de personas que deben nacer. No existe la idea de familia, ni amor. El gobierno otorga a los recién nacidos una de las 5 categorías sociales y desde pequeños mediante mensajes auditivos que se reproducen constantemente se les enseña que se vive en el mejor de los mundos donde solo está permitido sentir placer. No hay necesidades materiales ni lazos sentimentales, a diferencia de los salvajes que viven aislados en la periferia. Un salvaje es llevado al mundo civilizado con el fin de estudiarlo y hacer mejoras en el sistema.
Children of men y Brave new world son dos películas que pueden leerse como dos caras de la misma moneda, con marcadas similitudes y diferencias, pero entrelazadas en su fundamento. Respecto a las similitudes: ambas son versiones bastante libres de novelas importantes (la segunda más que la primera). Ambas muestran un orden social distópico en donde el gobierno es opresor y salvador al mismo tiempo. Ambas ponen énfasis en la esperanza, ya sea a través del sacrificio de una cadena de personas para lograr un objetivo común (en el primer caso), o la redención personal de los protagonistas para entender lo deshumanizante de su sociedad (en el segundo).
Respecto a las diferencias: ambas usan la política de exclusión en forma muy distinta. En Children of men la exclusión es justificadora, es una necesidad de sobrevivencia; en Brave new world la exclusión es una forma de autoafirmación y celebración. Las técnicas de poder y gobierno son distintas, en el primer caso se observa principalmente el establecimiento de guetos y violencia abierta (poder soberano) para castigar y amedrentar, en un contexto de constante tensión y guerra contra terroristas, a la par del manejo biopolítico de la población que debe segregarse para mantener el equilibrio social y económico; en el segundo puede observarse con más nitidez los dos elementos del biopoder: el poder disciplinario impuesto subrepticiamente en el día a día de cada persona, y la “governmentality”, el uso de la población (los índices de natalidad, por ejemplo) como justificación y a la vez objeto del ejercicio del poder. Así, estamos ante una verdadera sociedad de control en la cual la opresión es normalizada creando un mundo de libertad aparente. Finalmente, mientras Children of men es una gran película en la que el director (Alfonso Cuarón) manufactura escenas poco convencionales de larga duración, la estética es formidable y las actuaciones destacables; Brave new World carece de esos elementos.
El fundamento de ambas historias es, sin embargo, el mismo: la exclusión de ciertos individuos de un orden social que los repudia. En Children of men son los inmigrantes que luchan por ser reconocidos legalmente y por acceder a los pocos recursos que el gobierno administra. En Brave new world son los “salvajes”, seres humanos que después de la gran guerra no fueron incluidos en el gobierno “civilizatorio” y viven a su suerte en la periferia. Mientras la primera película puede leerse como una metáfora de la tragedia actual de los inmigrantes que son considerados como “ilegales”, la segunda puede verse como la tragedia de las comunidades indígenas que son considerados como “salvajes”. Ambos están fuera de un orden social que impone una específica legalidad, economía y política. Ambos sujetos están afuera pero a la vez están dentro al ser objetos del poder biopolítico, su sola existencia como población justifica el ejercicio de dicho poder y la inclusión violenta cuando sea necesario: para estudiarlos y hacer “mejoras” al sistema en Brave new world; o para organizarlos agresivamente y regular la convivencia social en Children of men.
Otras películas han mostrado de forma magistral esta inclusión/exclusión, pero incidiendo en la determinación de subjetividad. En la línea de Children of men, District 9 (2009) cuenta la llegada fortuita a la tierra de una nave espacial llena de extraterrestres. Estos son hacinados en un gran gueto llamado District 9 donde forman comunidades que viven en extrema pobreza. El gobierno contrata a una empresa multinacional de seguridad para relocalizar a los alienígenas en un nuevo distrito. Así, se intenta “formalizarlos” estableciendo sobre ellos prácticas que les son bastante ajenas, como firmar contratos que expresen su consentimiento para ser desplazados. Aquí también se observa el poder biopolítico cuando las cucarachas (como los llaman) son usados para experimentos de la industria de armas.
En cambio The mission (1986) está en la línea de Brave new world. Aquí se narra un hecho real: la disputa entre los jesuitas españoles y el imperio portugués sobre la subjetividad legal de los guaraníes en el siglo XVII. Mientras que las misiones jesuitas de España consideraban que los indígenas eran seres humanos que debían evangelizar, los portugueses los consideraban como bestias que debían ser usados para las plantaciones. Al final, se firma el acuerdo entre España y Portugal en el cual se otorga al último el territorio habitado por los guaranís. Lo que narra el filme es el contexto de producción de un discurso que convierte al otro en objeto del poder biopolítico: debido a su falta de humanidad los indígenas son exterminados o esclavizados. Y es que como dicen los intelectuales del grupo Modernidad-colonialidad (Quijano, Mignolo, Dussel, entre otros), el más crudo poder biopolítico no nace en la sociedad disciplinaria fordista de Foucault, tampoco con el análisis de los campos de concentración Nazi y el homo sacer de Agamben, sino con la violencia abierta de la colonización.
Estas dos últimas películas al igual que las anteriores son grandes metáforas de la situación de los inmigrantes “ilegales” por un lado, y de muchos pueblos indígenas por otro, en la que el ser humano se le niega su legalidad (se es “ilegal” en el caso de los inmigrantes, o no se reconoce su orden legal local en el caso de los indígenas), a la vez que es instrumentalizado cuando sea necesario (como mano de obra barata, por ejemplo). Recientemente una gran película como “Biutiful” (2010) de Gonzáles Iñarritu ha mostrado el lado más oscuro de Barcelona, donde para los “ilegales” estar al margen del orden social los pone en un constante estado de excepción (son convertidos en vidas nudas en el lenguaje de Agamben). Avatar (2009) es otra película que retrata la inclusión/exclusión de los pueblos indígenas y su lucha por defender sus recursos, sin embargo, una historia que podía haber servido para reflexionar sobre la modernidad–colonialidad, termina siendo terriblemente fallida al recaer una y otra vez en la pompa fácil y los estereotipos odiosos.
Otras películas tienen elementos claves que permiten reflexionar en términos de biopoder, legalidad e inclusión/exclusión. Desde Metrópolis (1927) hasta Matrix (1999, 2003), el cine constantemente refleja de manera directa o indirecta, positiva, normativa o performativamente el orden social (legal, político y económico) en el que vivimos, o propone dilemas que necesariamente tendremos que afrontar como la determinación de humanidad (derechos humanos) frente a situaciones fundacionales de nuevos ordenes, por ejemplo en The rise of the Ape planet (2011) o Ghost in the Shell (1995).
La clave para un mejor entendimiento de todo esto es tomar al cine (o al lenguaje audiovisual, el lenguaje de hoy) más seriamente.
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Sobre el marco teórico
He usado en este comentario nociones básicas del leguaje de Michel Foucault: poder soberano, poder disciplinario, biopoder, governmentality, discurso y normalización. A la vez, he hecho referencia a términos usados por autores que desarrollan y critican estas ideas, como “sociedad de control” (Deleuze) y violencia nuda (Agamben); y autores que las consideran muy limitadas (como el grupo colonialidad-modernidad). La idea es hacer una primera aproximación foucaultniana al Derecho y la Política a través del cine.
Referencias:
Referencias:
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