martes 17 de enero de 2012

Humano, demasiado humano: Los “ilegales” y la biopolítica en el cine


Children of men (2006) presenta un futuro de crisis. Desde hace 18 años las mujeres no pueden tener hijos; como consecuencia del desbalance económico todo el mundo se ha sumido en crisis políticas que ha dejado al Reino Unido como el único gobierno vigente. Por ello, muchos extranjeros intentan sobrevivir en los asilos de ese país, y el gobierno ha endurecido las leyes migratorias aplicando la pena de muerte a diestra y siniestra, estableciendo campos de refugiados para inmigrantes. En ese contexto, los activistas e inmigrantes se unen para exigir derechos y son considerados como terroristas por el gobierno. En Brave new world (1998) también estamos ante un mundo distópico en el cual luego de una gran guerra el planeta se ha dividido en dos: el mundo civilizado y los salvajes. En el primero, hay un gobierno todopoderoso que proscribe tener hijos, la alta tecnología permite que todos nazcan en el laboratorio, y el gobierno determina la cantidad de personas que deben nacer. No existe la idea de familia, ni amor. El gobierno otorga a los recién nacidos una de las 5 categorías sociales y desde pequeños mediante mensajes auditivos que se reproducen constantemente se les enseña que se vive en el mejor de los mundos donde solo está permitido sentir placer. No hay necesidades materiales ni lazos sentimentales, a diferencia de los salvajes que viven aislados en la periferia. Un salvaje es llevado al mundo civilizado con el fin de estudiarlo y hacer mejoras en el sistema.



Children of men y Brave new world son dos películas que pueden leerse como dos caras de la misma moneda, con marcadas similitudes y diferencias, pero entrelazadas en su fundamento. Respecto a las similitudes: ambas son versiones bastante libres de novelas importantes (la segunda más que la primera). Ambas muestran un orden social distópico en donde el gobierno es opresor y salvador al mismo tiempo. Ambas ponen énfasis en la esperanza, ya sea a través del sacrificio de una cadena de personas para lograr un objetivo común (en el primer caso), o la redención personal de los protagonistas para entender lo deshumanizante de su sociedad (en el segundo).
Respecto a las diferencias: ambas usan la política de exclusión en forma muy distinta. En Children of men la exclusión es justificadora, es una necesidad de sobrevivencia; en Brave new world la exclusión es una forma de autoafirmación y celebración. Las técnicas de poder y gobierno son distintas, en el primer caso se observa principalmente el establecimiento de guetos y violencia abierta (poder soberano) para castigar y amedrentar, en un contexto de constante tensión y guerra contra terroristas, a la par del manejo biopolítico de la población que debe segregarse para mantener el equilibrio social y económico; en el segundo puede observarse con más nitidez los dos elementos del biopoder: el poder disciplinario impuesto subrepticiamente en el día a día de cada persona, y la “governmentality”, el uso de la población (los índices de natalidad, por ejemplo) como justificación y a la vez objeto del ejercicio del poder. Así, estamos ante una verdadera sociedad de control en la cual la opresión es normalizada creando un mundo de libertad aparente. Finalmente, mientras Children of men es una gran película en la que el director (Alfonso Cuarón) manufactura escenas poco convencionales de larga duración, la estética es formidable y las actuaciones destacables; Brave new World carece de esos elementos.



El fundamento de ambas historias es, sin embargo, el mismo: la exclusión de ciertos individuos de un orden social que los repudia. En Children of men son los inmigrantes que luchan por ser reconocidos legalmente y por acceder a los pocos recursos que el gobierno administra. En Brave new world son los “salvajes”, seres humanos que después de la gran guerra no fueron incluidos en el gobierno “civilizatorio” y viven a su suerte en la periferia. Mientras la primera película puede leerse como una metáfora de la tragedia actual de los inmigrantes que son considerados como “ilegales”, la segunda puede verse como la tragedia de las comunidades indígenas que son considerados como “salvajes”. Ambos están fuera de un orden social que impone una específica legalidad, economía y política. Ambos sujetos están afuera pero a la vez están dentro al ser objetos del poder biopolítico, su sola existencia como población justifica el ejercicio de dicho poder y la inclusión violenta cuando sea necesario: para estudiarlos y hacer “mejoras” al sistema en Brave new world; o para organizarlos agresivamente y regular la convivencia social en Children of men.
Otras películas han mostrado de forma magistral esta inclusión/exclusión, pero incidiendo en la determinación de subjetividad. En la línea de Children of men, District 9 (2009) cuenta la llegada fortuita a la tierra de una nave espacial llena de  extraterrestres. Estos son hacinados en un gran gueto llamado District 9 donde forman comunidades que viven en extrema pobreza. El gobierno contrata a una empresa multinacional de seguridad para relocalizar a los alienígenas en un nuevo distrito. Así, se intenta “formalizarlos” estableciendo sobre ellos prácticas que les son bastante ajenas, como firmar contratos que expresen su consentimiento para ser desplazados. Aquí también se observa el poder biopolítico cuando las cucarachas (como los llaman) son usados para experimentos de la industria de armas.



En cambio The mission (1986) está en la línea de Brave new world. Aquí se narra un hecho real: la disputa entre los jesuitas españoles y el imperio portugués sobre la subjetividad legal de los guaraníes en el siglo XVII. Mientras que las misiones jesuitas de España consideraban que los indígenas eran seres humanos que debían evangelizar, los portugueses los consideraban como bestias que debían ser usados para las plantaciones.  Al final, se firma el acuerdo entre España y Portugal en el cual se otorga al último el territorio habitado por los guaranís. Lo que narra el filme es el contexto de producción de un discurso que convierte al otro en objeto del poder biopolítico: debido a su falta de humanidad los indígenas son exterminados o esclavizados. Y es que como dicen los intelectuales del grupo Modernidad-colonialidad (Quijano, Mignolo, Dussel, entre otros), el más crudo poder biopolítico no nace en la sociedad disciplinaria fordista de Foucault, tampoco con el análisis de los campos de concentración Nazi y el homo sacer de Agamben, sino con la violencia abierta de la colonización.
Estas dos últimas películas al igual que las anteriores son grandes metáforas de la situación de los inmigrantes “ilegales” por un lado, y de muchos pueblos indígenas por otro, en la que el ser humano se le niega su legalidad (se es “ilegal” en el caso de los inmigrantes, o no se reconoce su orden legal local en el caso de los indígenas), a la vez que es instrumentalizado cuando sea necesario (como mano de obra barata, por ejemplo). Recientemente una gran película como “Biutiful” (2010) de Gonzáles Iñarritu ha mostrado el lado más oscuro de Barcelona, donde para los “ilegales” estar al margen del orden social los pone en un constante estado de excepción (son convertidos en vidas nudas en el lenguaje de Agamben). Avatar (2009) es otra película que retrata la inclusión/exclusión de los pueblos indígenas y su lucha por defender sus recursos, sin embargo, una historia que podía haber servido para reflexionar sobre la modernidad–colonialidad, termina siendo terriblemente fallida al recaer una y otra vez en la pompa fácil y los estereotipos odiosos.



Otras películas tienen elementos claves que permiten reflexionar en términos de biopoder, legalidad e inclusión/exclusión. Desde Metrópolis (1927) hasta Matrix (1999, 2003), el cine constantemente refleja de manera directa o indirecta, positiva, normativa o performativamente el orden social (legal, político y económico) en el que vivimos, o propone dilemas que necesariamente tendremos que afrontar como la determinación de humanidad (derechos humanos) frente a situaciones fundacionales de nuevos ordenes, por ejemplo en The rise of the Ape planet (2011) o Ghost in the Shell (1995).
La clave para un mejor entendimiento de todo esto es tomar al cine (o al lenguaje audiovisual, el lenguaje de hoy) más seriamente.
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Sobre el marco teórico
He usado en este comentario nociones básicas del leguaje de Michel Foucault: poder soberano, poder disciplinario, biopoder, governmentality, discurso y normalización. A la vez, he hecho referencia a términos usados por autores que desarrollan y critican estas ideas, como “sociedad de control” (Deleuze) y violencia nuda (Agamben); y autores que las consideran muy limitadas (como el grupo colonialidad-modernidad). La idea es hacer una primera aproximación foucaultniana al Derecho y la Política a través del cine.

Referencias:

 
Foucault, M. 2001. Power, Essential Works of Foucault 1954-1984, Vol 3, The New Press, New York.

Foucault, M. 2008. The Birth of Biopolitics. Lectures at the College de France 1978-1979. Trad. Graham Burchell. Palgrave McMillan.

Foucault, M. 1992. El orden del discurso. Trad. Alberto González Troyano Tusquets Editores, Buenos Aires.

Foucault, M. 1977. Historia de la sexualidad 1: La voluntad de saber. Trad. Ulises Guiñazú.

Deleuze, G., 1992. Postscript on the Societies of Control, October, 59, Winter, pp. 3-7.

Agamben, G., 1998. Homo Sacer: Sovereign Power and Bare Life, Trans. Daniel Heller-Roazen. Stanford University Press.

Walby, K., 2007. Contributions to a post-sovereigntist understanding of law: foucault, law as governance, and legal pluralism, Social & Legal Studies. 16: 551-571.

Tadros, V., 1998. Between Governance and Discipline: The Law and Michel Foucault. Oxford Journal of Legal Studies, Vol. 18, No. 1. pp. 75-103.

Turkel, G., 1990. Michel Foucault: Law, Power, and Knowledge. Journal of Law and Society, Vol. 17, No. 2 (Summer, 1990), pp. 170-193.

  






lunes 9 de enero de 2012

Los derechos de los consumidores y sus descontentos Parte III: Los fundamentos de la regulación de las cláusulas abusivas

El reciente “Código de Protección y Defensa del Consumidor” ha sido tachado de socialista (Alfredo Bullard) y fascista (Freddy Escobar), entre otras cosas, debido a la regulación de las cláusulas abusivas, la que sería paternalista, ineficiente y poco técnica al prohibir determinadas cláusulas, limitando el “derecho a elegir” del consumidor.


Los críticos conservadores se basan en un análisis económico ortodoxo arraigado en la escuela económica neoclásica y austriaca, ambas sintetizadas en el mainstream económico representado por la escuela de Chicago. En síntesis, para la ortodoxia económica: 1) Todos los actores en el mercado son racionales: la empresa maximiza ganancias y el consumidor maximiza utilidad, y la única diferencia entre ambos es que la empresa tiene más información que el consumidor (asimetría informativa).; 2) Como todos somos iguales, la asimetría informativa se soluciona con deberes de información: si la empresa proporciona información relevante, el consumidor podrá elegir racionalmente lo que más le conviene; 3) La consecuencia es el equilibrio en el mercado: las elecciones racionales que premian a las empresas más eficientes e innovadoras llevan de manera armónica al equilibrio general, es decir, una situación de mercado competitivo.

En dicho contexto, el consumidor podrá elegir a las empresas que le ofrezcan las mejores cláusulas contractuales, no siendo necesario ningún control adicional de lo contrario se crearían “desequilibrios”. Son tres los fundamentos oficiales de estas premisas: la racionalidad, el equilibrio y la eficiencia; y uno no oficial: la retórica.


En el ensayo que presento a continuación critico estos fundamentos a la luz de diversas escuelas económicas: keynesianismo, neo-keynesianismo, post-keynesianismo, institucionalismo, neo-institucionalismo, economía conductual y economía postmoderna, algunas  de las cuales critico igualmente. Mi objetivo es demostrar que existen corrientes económicas alternativas que proveen sólidos fundamentos económicos, sociales y éticos a favor de la regulación de las cláusulas abusivas. Es más, estos fundamentos y la regulación siempre han existido a pesar de las visiones sesgadas, arrogantes y dogmáticas de la ortodoxia económica.

Aquí pueden descargar el ensayo:


(Debo acotar que este ensayo lo escribí en noviembre del 2010, es decir, hace más de un año. Aunque al día de hoy he afinado algunas ideas y conceptos, mantengo intacta la crítica de fondo).

martes 27 de diciembre de 2011

La derecha es así…

La derecha conservadora es el gran lastre de la República Peruana. Después de la independencia se dedicó a formar un club privado aristócrata, guardando pleitesía al capital extranjero, permitiendo el latifundio en la sierra, ignorando a los indígenas amazónicos, usando el poder militar ante cualquier disidencia. Esa elite estuvo muy feliz con los Leguía, los Odría y todo títere que pudiera asegurarle sus privilegios, su estatus quo, la fuerza bruta para proteger sus intereses siempre que sea necesario.

La derecha conservadora se ocupó así de sembrar durante décadas minas antipersonales que le explotaron en la cara; primero, con Velasco que mediante sus reformas evitó una guerra civil, y luego el terrorismo que bebió de la miseria de miles de personas.

La derecha conservadora no ha aprendido la lección. En vez de preguntarse qué hizo mal como elite económica y política, se dedicó a hacer de Velasco un monstruo expropiador, ignoró las causas estructurales del terrorismo, y aprovechó el desastroso y corrupto primer gobierno aprista para aplicar políticas neoliberales radicales y poner una cruz al mínimo control estatal de la economía.


Hasta hoy la derecha conservadora no mide sus actos, es acéfala políticamente, sólo piensa con el bolsillo. Y es que se ha acostumbrado a perder elecciones y gobernar de todos modos a través de su poder mediático.

La derecha y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos

El gobierno de Ollanta Humala se convirtió de progresista a conservador en cuestión de meses. Sacó del INDEPA a una experta en interculturalidad y puso a un experto en ética empresarial; sacó del Ministerio de la Mujer a una feminista y reconocida líder de izquierda para poner a una fanática religiosa; hizo renunciar a referentes intelectuales y expertos de izquierda como José De Echave y Sinesio López, para poner a “tecnócratas” que se autoproclaman como “no políticos”, como lo hacen usualmente los agentes de los autoritarismos de derecha y los conservadores.

Ahora el gobierno hace eco a las opiniones que desde el fujimorato criticaban duramente al Sistema Interamericano de Derechos Humanos. El gobierno niega responsabilidad del Estado en el operativo Chavín de Huantar y arremete contra la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por llevar el caso a la Corte Interamericana. Sin embargo, de acuerdo con los peritajes forenses algunos terroristas fueron asesinados por agentes de inteligencia luego que depusieron las armas. Eso es delito incluso en situaciones de guerra de acuerdo con el Derecho Internacional humanitario. Es cierto que algunos de los implicados están siendo procesados en el fuero civil actualmente (lo que es el mayor argumento del Estado), sin embargo, nunca se anuló el proceso militar (que como tal es ilegal) que absolvió a todos los demás implicados. Además, el caso se relaciona con la detención arbitraria de Gladys Espinoza (acusada de ser miembro del MRTA y de haber participado en la toma de la Embajada de Japón), y su posterior sometimiento a condiciones de detención inhumanas durante su reclusión en el Penal de Yanamayo (entre enero de 1996 y abril de 2001), sin acceso a un tratamiento médico y alimentación adecuados, y sin la posibilidad de recibir visitas de familiares. Tales hechos no han sido investigados ni sancionados por las autoridades competentes, permaneciendo en la impunidad hasta la fecha.




Pero más allá de las cuestiones procesales, el tema es la actitud de la derecha conservadora. Mediante su campaña mediática arremete contra las organizaciones defensoras de derechos humanos, dándole un espacio al fujimorismo para que exalte su rol de "pacificador" durante el conflicto interno. Lo que sigue parece ser el indulto a Fujimori y una alianza subrepticia en el Congreso.

La derecha y Susana Villarán

A penas un mes después que asumió el cargo de alcaldesa de Lima Susana Villarán empezó a ser apabullada por la prensa de la derecha conservadora, esa que hizo todo lo posible para que ella perdiera (incluido las alertas de la subida del dólar del terrorista financiero PPK) y para que Keiko Fujimori gane las elecciones. Esa prensa día tras día sigue buscando la forma de revocarla. Usa fotos truncadas, tergiversa declaraciones, inventa patrañas.

Para politólogos de moda como Alberto Vergara o Carlos Meléndez el problema de Villarán es simplemente mal asesoramiento político, no se supo posicionarla bien en el tablero político y por eso la gente no la quiere. Pero análisis minimalistas de este tipo dejan de lado el tema de fondo que, como siempre, es estructural. El grupo el Comercio, la razón, el expreso, correo, en general, prensa basura al servicio de la derecha conservadora se esfuerza sobre manera para sacarla del espectro político. La alcaldía de Lima ha servido siempre como trampolín para candidatear a la presidencia. Al parecer lo que está en juego aquí es hundir desde el inicio cualquier posible contrincante para los candidatos amigos en las próximas elecciones.



Epílogo

La elite entonces prefiere declarar la muerte temprana de un político de centro izquierda, prefiere asegurarse por si las dudas. Pero acéfala como siempre, después de haberse levantado al gobierno de “la gran transformación” y expectorarlo de los “caviares”, abre un espacio gigantesco para que proyectos radicales entren en el escenario de las próximas elecciones. Entonces se asustarán de nuevo, berrincharán de nuevo y, finalmente, cuando pierdan, intentarán domesticar al radical de turno como lo hicieron con Humala. Pero ese no es el peor escenario. A la derecha conservadora no le incomodan las dictaduras, así que también podría darse el caso de un blindaje indefinido al posible autoritarismo del actual gobierno frente a una radicalización de las protestas sociales.

sábado 10 de diciembre de 2011

Estado de emergencia y conflictos sociales: cuando el Derecho de Yanacocha prevalece

I. Comunidades campesinas homo sacer

El gran teórico del estado de excepción, Giorgio Agamben (1998, 2005), demostró cómo el poder tiránico está en la base misma de la “civilización occidental”. Desde los romanos y la figura jurídica del homo sacer (una persona que no es condenada a la muerte pero las agresiones sobre aquella no tienen sanción jurídica), los campos de concentración Nazi hasta Guantánamo en Estados Unidos, el estado de excepción es una técnica de gobierno que es usada para auto-legitimarse mediante la violencia. Es un espacio vacío en la legalidad, un no-Derecho – paradójicamente- para imponer el Derecho.

Agamben estudia a profundidad al influyente jurista del nazismo Carl Schmitt, quien tuvo debates intelectuales intensos con Walter Benjamin y Hans Kelsen. Donde Kelsen veía orden jurídico desembarazado de poder político, Schmitt veía a la política como fundamento de todo el orden legal. Benjamin observaba que ese orden sintetizaba una violencia, la violencia de “conservación” del sistema, que se oponía a otra violencia externa, la violencia de “constitución” promovida por fuerzas transformadoras y revolucionarias (que Derrida vería décadas después como el “fundamento místico de la autoridad”, aquello que no se puede deconstruir). Para Schmitt, sin embargo, lo jurídico estaba en todas partes. El Estado de excepción- el no-Derecho- es la mayor expresión de la soberanía, la decisión del soberano de asimilar la violencia externa. Así, el no-Derecho es paradójicamente jurídico, es la exclusión para incluir, o puede leerse al revés con Agamben: es la inclusión para radicalizar y perpetuar la exclusión.

Cuando el gobierno peruano declara el Estado de emergencia en 4 provincias de Cajamarca busca proteger el sistema de aquellos que se atreven a ponerlo en entredicho. Pero el “sistema” en entredicho no es el sistema político de democracia liberal, sino el modelo económico extractivista. Y es que el modelo económico se ha convertido en el fundamento mismo del sistema político pues en la actualidad como dice Santos (2009), hay una inversión de la clásica tesis de Karl Polanyi: no es que la estructura económica esté inmersa en la estructura legal y política, sino que la estructura legal y política está inmersa en la estructura económica. En la actual gobernanza de la legalidad soft, la economía le da contenido a la legalidad, las fuerzas del mercado constituyen el orden jurídico de las actuales sociedades de control, en los términos de Deleuze (1992).


Por eso, el fundamento gubernamental del estado de emergencia: “salvaguardar los derechos ciudadanos” no es más que retórica. El real fundamento es resguardar el modelo económico a la fuerza, es incluir (mediante el no-Derecho) radicalmente a aquellos que no tienen una visión similar de “desarrollo”, es la inclusión para perpetuar la exclusión (Havemann, 2005; Rifkin, 2009; Lauria, 2011).

II. Son brutitos, no entienden…

Las comunidades indígenas han sido vistas históricamente bajo tres imágenes (Espinosa, 2009). Como salvajes e irracionales (por ejemplo, Aldo Mariátegui); como legos, ingenuos o tontos (por ejemplo, la mayoría de la prensa, gobierno), como nobles defensores de la naturaleza (por ejemplo, algunas ONGs ambientalistas y políticos locales). Todas estas visiones deben ser rechazadas por intentar imponer una imagen, u orientalizarlos, en términos de Edward Said. Más bien, debe analizarse de manera crítica y comparativa cuál es su ideología, así como su estructura política y económica.

Antes de hacer ese análisis, empero, las cosas deben quedar bien claras. La visión de los indígenas que prevalece en todas partes es la segunda: “hay que enseñarles lo que es progreso”, y hay que ser “socialmente responsables” para no afectarlos. Esta visión tiene ya cinco centurias desde que fue propuesta por Francisco de Vitoria, uno de los padres del Derecho Internacional, para legitimar la expropiación de tierras en el nuevo mundo. Supuestamente, superando las tesis del exterminio (que legitimaba la expropiación de la tierra indígena mediante la negación de humanidad y, por lo tanto, la posibilidad que los indígenas sean propietarios: terra nullius), Vitoria consideraba a los indígenas como “seres humanos”, pero que carecían de entendimiento suficiente, por lo que los colonos deberían “tutelarlos”, “integrarlos” y “enseñarles” el camino del “desarrollo”. Esta visión sigue viva hoy en día cuando se reduce todo el problema a la falta de “información” (las comunidades están mal informadas, no saben). De esta manera, se menosprecia el hecho de que actualmente existen más de 90 conflictos socio-ambientales en el país, con particularidades, y en muchos casos está en juego visiones conflictivas de desarrollo.


Los conflictos sociales se dan por la expansión de actividades extractivas en nuevas áreas, lo que David Harvey llama “acumulación por desposesión” (2003), la que tiene diferentes características en el tema indígena: 1) Desposesión de tierra localizada en áreas extractivas (Gordon and Webber, 2008; Bebbington and Humphreys, 2011); 2) La desposesión de los propios recursos: la cantidad (tierra, agua, flora, fauna, minerales) o su calidad (contaminación del agua o el aire); 3) La desposesión del estilo de vida; 4) La desposesión del valor monetario que se considera justo por permitir la extracción, a través de regímenes tributarios flexibles (Bebbington et al., 2008). En el Perú, muchos conflictos sociales están relacionados con estos patrones: la desposesión de la tierra (las protestas en Bagua rechazaban una legislación que buscaba “facilitar” la transferencia de la propiedad comunal); la desposesión de recursos como el agua (los casos de Tambogrande, Majaz y Yanacocha), la desposesión del modo de vida de las comunidades (los casos mencionados se refieren a la posibilidad de convertir provincias enteras en “provincias mineras”); la desposesión del valor real de la actividad minera (protestas por obtener mayores beneficios económicos pueden observarse en la Oroya, las Bambas y Tintaya). En suma, puede observarse dos clases de conflictos (Tanaka et al, 2007): por un lado, las comunidades no están totalmente en desacuerdo con la actividad extractiva, ellos quieren proteger áreas específicas de la expansión de concesiones, el cumplimiento de estándares ambientales y/o obtener beneficios económicos de la actividad. En estos casos ha habido históricamente una explotación previa en el lugar, la cual ha hecho inviable actividades económicas alternativas. Por ello, las comunidades no pueden oponerse a la actividad misma, es más, dependen de esta porque en muchos casos es su única fuente de subsistencia (La Oroya, Cerro de Pasco): no tienen otra opción.

Pero hay otros conflictos en los cuales las comunidades están totalmente en oposición a las actividades extractivas. En estos casos no ha habido previamente explotación debido a la falta de tecnología en las décadas pasadas. Las comunidades tienen un sistema legal (comunal) y económico (principalmente agrícola) y no aceptan eliminarlo. Estas áreas son además muy importantes desde el punto de vista ambiental, como la Amazonía.



Es en este contexto que la ley de consulta previa, por ejemplo, antes que evitar conflictos sociales busca legitimar las actividades extractivas, como dije en un anterior post, salvo que se le acompañe de un cambio de política económica. Asimismo, mecanismos autoritarios como el estado de emergencia solo pretende incluir a la fuerza a los que disienten, para perpetuar la exclusión: el no-Derecho es el Derecho de Yanacocha.

Epílogo I: Roque Benavides y el Derecho

Roque Benavides es la representación viva de la gobernanza neoliberal. Para él las comunidades campesinas fueron una “invención” de Velasco; para él –en una frase que ya lo consagra totalmente - los inversionistas en los fondos de pensiones van a perder mucho dinero si Conga no va, porque ahora “todos los negocios están interconectados” y los fondos privados invierten mucho en la minería. Ahora, entonces, los pensionistas no son pensionistas, son “inversionistas”, y si a las grandes empresas oligopólicas le va mal en sus negocios pues todos nos fregamos. Roque es terriblemente cínico. Él dice: la actual legalidad soft permite que todos dependan de mi poder económico, pero no solo deben aceptarlo sino que también deben apoyarme en la lucha contra las comunidades salvajes que frenan el “desarrollo”.

Epílogo II: Humala

Hace un mes atendí una conferencia en Londres que estudiaba los 100 primeros días del gobierno de Humala. La mayoría estaba optimista porque afirmaban que, mal que bien, el gobierno estaba cumpliendo sus promesas (Ministerio de inclusión social, impuesto a las sobreganancias mineras, etc.). Yo, siempre un poco pesimista, intervine para decir que Humala no estaba haciendo lo que prometió, sino que estaba haciendo lo que las elites económicas le permitían. Los ponentes estuvieron de acuerdo. Pero las cosas parecen peor ahora. El gobierno actúa ya como brazo ejecutor de esas elites económicas. La derecha conservadora exige más fuerza y autoritarismo, la derecha “liberal” celebra el pragmatismo, mientras goza señalar cómo es difícil gobernar en el país sin convertirse en un Alan García. La pesadilla de muchos y el sueño de otros: Humala no es – no podía ser como señalé en otro post- el socialismo del siglo XXI, más bien parece empezar a transformarse en el fascismo del siglo XXI, puesto que estaba destinado a Keiko Fujimori.



Referencias

I

Agamben, G., 1998. Homo Sacer: Sovereign Power and Bare Life, Trans. Daniel Heller-Roazen. Stanford University Press.

Agamben, G., 2005. State of exception. Chicago: University of Chicago Press.

Havemann, P., 2005. Denial, Modernity and Exclusion: Indigenous Placelessness in Australia. Macquarie Law Journal, 5, pp. 57-80.

Lauria, S., 2011. The Biopolitics of Settler Colonialism: Right Here, Right Now. Settler Colonial Studies, 1 (1), pp. 52- 76.

Rifkin, M., 2009. Indigenizing Agamben: Rethinking Sovereignty in Light of the "Peculiar" Status of Native Peoples. Cultural Critique, 73, pp. 88-124.

Suganami, H., 2007. Understanding sovereignty through Kelsen/Schmitt. Review of International Studies, 33, pp. 511–530.

Muller, J. 2003. Myth, law and order: Schmitt and Benjamin read reflections on violence. History of European Ideas, 29, pp. 459–473.

Derrida, J., 1992. “Force of Law: The “Mystical Foundation of Authority”, Deconstruction and the possibility of justice, Drucilla Cornell, Michel Rosenfeld and David Gray Carlson eds., (New York-London: Routledge).

Deleuze, G., 1992. Postscript on the Societies of Control, October, 59, Winter, pp. 3-7.

Said, E., 1998. Culture and Imperialism, (New York: Vintage Books).

Sousa Santos, B., 2009. Governance: Between Myth and Reality. RCCS Annual Review, September.

II

Harvey, D., 2003. The New Imperialism, New York: Oxford University Press.

Gordon, T. and Webber, J., 2008. Imperialism and Resistance: Canadian mining companies in Latin America. Third World Quarterly, 29 (1), pp. 63 – 87.

Espinosa, O., 2009. ¿Salvajes opuestos al progreso?: Aproximaciones históricas y antropológicas a las movilizaciones indígenas en la Amazonía peruana. Anthropologica, XXVII (27), pp. 123-168.

Gilbert, J., 2006. Peoples' land rights under international law: from victims to actors. New York: Transnational Publishers.

(Sobre conflictos sociales por industrias extractivas en el Perú hay mucha bibliografía, estos son algunos relevantes:)

Bebbington, A. and Humphreys, D., 2011. An Andean Avatar: Post-Neoliberal and Neoliberal Strategies for Securing the Unobtainable. New Political Economy, 16 (1), pp. 131-145.

Bebbington, A., Hinojosa, L., Humphreys, D., Burneo, M., and Warnaars, X., 2008. Contention and Ambiguity: Mining and the Possibilities of Development. Development and Change, 39(6), pp. 887–914.

Szablowski, D., 2002. Mining, Displacement and the World Bank: A Case Analysis of Compania Minera Antamina's Operations in Peru. Journal of Business Ethics, 39(3), pp. 247-273.

Tanaka, M., Huber, L., Revesz, B., Diez, A., Ricard, X., De Echave, J., 2007. Minería y conflicto social. Economía y Sociedad, 65, pp. 7-17.

Taylor, L., 2011. Environmentalism and Social Protest: The Contemporary Anti-mining Mobilization in the Province of San Marcos and the Condebamba Valley, Peru. Journal of Agrarian Change, 11(3), pp. 420–439.

Haarstad, H., and Fløysand, A., 2007. Globalization and the power of rescaled narratives: A case of opposition to mining in Tambogrande, Peru. Political Geography, 26, pp. 289-308.

Muradian, R., Martinez-Alier, J. and Correa, H., 2003. International Capital Versus Local Population: The Environmental Confict of the Tambogrande Mining Project, Peru. Society and Natural Resources, 16, pp. 775–792.

Rénique, Gerardo, 2009. 'Law of the Jungle in Peru: Indigenous Amazonian Uprising against Neoliberalism'. Socialism and Democracy, 23 (3), pp. 117-135.

lunes 14 de noviembre de 2011

Crítica irónica al feminismo light

….Sabes, a veces pienso que el feminismo fue
inventado por los hombres para que tengan
 más opciones con las mujeres, ya sabes: “Mujer, libera
 tu mente, libera tu cuerpo, acuéstate conmigo…
Todos somos libres y felices siempre que pueda
cogerte todo lo que quiera…”

(Frase de Celine en “Before Sunrise” de Richard Linklater)


El feminismo light parece ser una variante inconsciente del feminismo liberal pero no influenciada ni por Martha Nussbaum o Naomi Wolf, sino por las chicas cool de Sex and the City o la desinhibida Shakira. Obviamente, no tiene ni rezagos del feminismo crítico de Gayatri Spivak o Nancy Fraser, o el eco feminismo de Vandana Shiva, y ni siquiera reivindica el feminismo clásico de Simone de Beauvoir o Flora Tristán. Intelectualmente, el feminismo light es más light que feminismo.

El feminismo light se considera revolucionario, pero no enfrenta la violencia legal impuesta a las mujeres (por ejemplo, la punición del aborto eugenésico, sentimental o económico-social), sino que lucha por “el derecho de usar minifalda sin ser considerada puta”. El feminismo light, así, en vez de criticar la estructura económica-social, se enfoca en un análisis minimalista: lo malo que es el hombre o los hombres. De esta manera, ignora que el sistema es el que perenniza la explotación y la violencia contra las mujeres. Por ejemplo, el feminismo light no pone atención a los cientos de niños que mueren a los días de nacido por desnutrición o por las heladas en el interior del país (lo que causa terribles consecuencias sicológicas a las madres), no pone atención a que los mayores casos de violencia familiar se dan allí donde hay pobreza, que la mujeres más pobres son doblemente explotadas, en su hogar y en las fábricas. No se da cuenta que a esas mujeres no les interesa usar minifalda.



El feminismo light  no puede darse cuenta de eso porque es un feminismo burgués, consumista, reproductor de lo más absurdo de la sociedad moderna. Por eso, el feminismo light cree que lucha por liberar a las mujeres pero ignora que ensalza a la mujer como producto  que es “libre” de exhibirse, de operarse los senos, de llenarse el rostro de botox, de ser bulímica, la mujer artefacto que ha cambiado el sometimiento patriarcal por un sometimiento más cínico, el sometimiento a la sociedad de consumo que es explotadora por naturaleza y que ha interiorizado sin pestañar.


El feminismo light debería entender que nadie está a favor del maltrato a la mujer, físico y verbal, ni los hombres (salvo criminales o desadaptados) ni la ley. Žižek, diría algo así: “Por Dios, quien puede estar en contra del derecho a no ser violentado física o verbalmente… El problema es que esos derechos van a seguir vulnerándose mientras mantengamos las condiciones económicas y sociales en las cuales la explotación y el abuso es algo natural”. 

El feminismo light debería transformarse radicalmente hacia un feminismo crítico, que tenga en cuenta la interculturalidad y la política económica, que sea agudo en sus fines y militante políticamente. Ojalá algún día pase.



martes 1 de noviembre de 2011

Bullard indignado, o: La insoportable levedad de la Escuela Austriaca

I. El mundo según Bullard: Estado malo, pobres estúpidos, banqueros buenos.

Acabo de ver un post de Alfredo Bullard que me ha sorprendido. Su razonamiento dogmático es el siguiente: para pagar mejor a los trabajadores y dar trabajo se necesita aumentar la riqueza, la riqueza se aumenta con mayor producción y eficiencia, y la mayor producción y eficiencia es lograda por las empresas. Entonces el Estado debe facilitar que las empresas creen riqueza y no “aumentar impuestos” o “afectar a los inversionistas” mediantes políticas de bienestar o de protección a los trabajadores o consumidores. En resumen: normas flexibles para quien tiene el capital porque la riqueza que produzca beneficiará a todos.

Luego, aplica ese razonamiento para explicar la crisis económica. Dice que el gobierno de Estados Unidos creó una banca cuasi-estatal para regalar créditos hipotecarios a los más pobres al reducir las tasas de interés. El “sistema” se limitó a reaccionar a las señales que el Estado dio y se creó una burbuja inmobiliaria que desencadenó la crisis. En resumen: el causante de la crisis no fue la falta de regulación sino la intervención del Estado en el mercado.

Y termina Bullard su increíble post señalando que los “indignados” (el movimiento ahora global en contra del capitalismo) son unos conchudos que por años vivieron holgadamente. Entonces se proclama indignado porque “indigna constatar tanta ceguera para ver lo que es evidente”.

II. Guía para ver más allá de lo evidente…

Bullard reproduce los argumentos que los economistas radicales de la Escuela Austriaca vienen escribiendo desde el 2009 sobre la crisis financiera (por ejemplo: Calabria, 2009; Makin, 2009; Rahn, 2010). Basta leer cualquier artículo sobre el tema del think tank neoliberal CATO con exactamente las mismas consignas: “¡la culpa es del Estado no del mercado!”

Pero los austriacos y los que les hacen eco siempre cuentan la historia a medias. La banca “cuasi estatal” de la que hace alusión Bullard es Fannie Mae y Freddie Mac, que fueron creadas como respuesta a la gran depresión de los años 30s. No fue hasta los años 90s que expandieron sus préstamos peligrosamente y sufrieron escándalos de corrupción; sin embargo, a consecuencia de ello fueron fuertemente supervisadas manteniéndose fuera de escenario durante el periodo más febril de la burbuja hipotecaria, del 2004 al 2006: “como resultado estas agencias jugaron un rol ínfimo en la epidemia de malos préstamos” (Krugman, 2009: p. 163).

El verdadero factor de la crisis y que Bullard no menciona son los derivados financieros. Durante los 90s se expandió el uso de estos instrumentos financieros que permiten re-empaquetar y transferir el riesgo, atrayendo a especuladores pues proporcionan una alta capacidad de endeudamiento (Holton, 2004; Howells and Bain, 2007). En el pasado cuando los inversionistas veían que los precios se elevaban demasiado, simplemente dejaban de invertir ejerciendo una presión que ayudaba a estabilizar los precios. Ahora los inversionistas se quedan en el mercado y se protegen contra el riesgo usando los derivados. Por ello, aunque diseminar el riesgo mediante los derivados reduce el riesgo individual, estos incrementan el riesgo sistémico (Howells and Bain, 2007).

En dicho contexto, la evaluación del riesgo se hizo muy complicada porque los derivados permitían empaquetar una y otra vez la deuda mediante complejas transacciones que resultaron en una total falta de transparencia. A ello debe sumarse el conflicto de intereses dentro de las agencias de rating. Estas agencias tenían por un lado oficinas de “advisory business” que asesoraban a los emisores de acciones a estructurar ofertas con la finalidad de obtener el rating deseado, y a la vez los “evaluaban” para otorgarle tal rating (Brunnermeier et al, 2009).

Era necesario regular los derivados financieros y las nuevas transacciones que estos implicaban pero Alan Greenspan, director durante 18 años del Banco Central estadounidense, se opuso rotúndamente. Para los neoliberales el mercado funcionaba de maravilla y los Estados Unidos era el modelo económico y legal a imitar en todo el mundo (eran los tiempos del “fin de la historia” de Fukuyama y otras falacias).

Pero el problema no fue solo la falta de regulación, sino también la desregulación. El riesgo sistémico se incrementó con la integración del sector bancario y el de mercado de valores. En 1999 el Gramm-Leach-Bliley Act derogó a la Glass Steagall Act , una de las leyes que surgió como respuesta a la crisis económica de 1929 y que consistía en segmentar el negocio bancario y de valores para evitar la concentración económica y el conflicto de intereses. El resultado de la desregulación fue el aumento de los conglomerados financieros, la dependencia económica en estos y, de nuevo, el aumento del riesgo sistémico. Antes de la desregulación los bancos eran terceras partes desinteresadas en los contratos entre las empresas de valores y los inversores, mientras que después de la desregulación los bancos pudieron vender y comprar sus propios productos financieros, siendo propensos a actuar en su propio interés en lugar de dar información imparcial (IUC, 2009).

Entonces fue la falta de regulación y la desregulación, ambas promovidas por el poder privado y la ideología neoliberal los que propiciaron el riesgo sistémico que llevó al crash del 2008 y a la actual depresión económica.


III. Sobre la ortodoxia económica, o: cómo ser cínico y parecer científico.

El problema de Bullard y la Escuela Austriaca es su dogmatismo fanático basado en premisas desmentidas históricamente: que el capitalismo significa mayor producción y trabajo, y que la producción y trabajo implican aumento de la riqueza, la que a su vez se expande naturalmente para todos si es que el Estado no interviene.

Keynes hace muchas décadas demostró que el hecho de que las empresas obtengan ganancias no implica necesariamente que vaya a haber reinversión. Por eso, su propuesta para salir de la gran depresión fue inyectar dinero en la economía a través, por ejemplo, de programas estatales de construcción para que pueda emplearse más personas y así mediante un “efecto multiplicador” el dinero puesto en cada trabajador haga crecer la economía. Este es el camino que siguió Roosevelt en los años 30s y es el que ahora está intentando seguir a medias Obama.

Pero hoy en día más que nunca la idea de que el capitalismo implica mayor producción y trabajo choca con la realidad. Muchas veces el dinero obtenido no es reinvertido sino que se queda en el bolsillo de los accionistas con lo que hay “acumulación” y no creación de trabajo ni bienestar. Eso pasa hoy con las sweatshops en todo el mundo. Las grandes empresas contratan fábricas en China, Centro América, la frontera de México y cualquier país donde se pague una miseria a los trabajadores y no haya derechos laborales porque el Estado está más preocupado en “atraer inversiones” (Rodriguez, 2010). Luego, el dinero que obtienen de esa explotación es reinvertido en otra parte.

Pero el sistema financiero es la más grande muestra de la disociación entre capital y trabajo. Cuando los banqueros se dieron cuenta que podían obtener riqueza vendiendo burbujas, los factores de producción capital y trabajo se complejizaron; bastaba capital, construir castillos de arena sobre aquel y especular, haciendo muy ricos y poderosos a grandes grupos económicos sin necesidad de producir nada ni emplear a nadie. Estos grupos económicos logran capturar a las altas esferas de poder político, por lo que al final fueron rescatados con el dinero de los contribuyentes bajo la amenaza de destruir todo el sistema: “too big to fail”.



Obviamente, los radicales aprovechan esto para decir: “ya ven, es el Estado quien no deja que el mercado solito se cure y expulse las manzanas podridas”. Habría que recordar que la tesis del paladín austriaco Friedrich Hayek para salir de la gran depresión de los años 30s se llamó “liquidacionista”, pues proponía que se liquiden las empresas, los agricultores, los pensionistas y empezar todo de nuevo … Al fin y al cabo el capitalismo se trata de eso, lo que Schumpeter llama la “destrucción creativa”. Esta idea atroz se basa en la fe ciega en el mercado entendido como ente “supremo” que basta para “poner todo el sistema social en orden” proporcionándole un “sentido y significado” (Mises, 1949). Pero con esta idea se termina legitimando el poder de mercado, la explotación de unos sobre otros y la miseria como un estadio natural del proceso de destrucción creativa. Esta legitimación es posible mediante la negación sistemática de los hechos históricos. Hay que preguntarnos porqué existen normas de protección, porqué surgieron normas antimonopolio, qué sucedió cuando estas normas no existían.

Veamos el caso estadounidense. Antes de que existieran normas de protección de esas que no les gusta a la Escuela Austriaca, hubo un crecimiento de los grandes negocios en el periodo conocido como el Gilded Age (entre la guerra civil y la primera guerra mundial). John D. Rockefeller monopolizó el petróleo bajo su Standard Oil Company, J.P. Morgan dominaba las finanzas, Andrew Carnegie el acero, James Hill los ferrocarriles. Además de ello también se formaron “trust” en el mercado del trigo, la fruta, la carne, la sal, el azúcar, la madera, la energía eléctrica, caucho, níquel, papel, plomo, yeso, hierro, aceite de algodón, aceite de linaza, whisky, cables y muchos otros (Cashman, 1984). Una vez que los “trust” emergían elevaban los precios de los productos y bajaban su calidad. Todo ello llevó a una dramática polarización de riqueza y poder en los Estados Unidos. Asimismo, los lugares de trabajo eran inseguros y el mercado laboral desregulado llevó los salarios a niveles de subsistencia (Ostas, 1998). Los abusos de los monopolios se hicieron tan grandes que se convirtió en un escándalo nacional, por ello ambas cámaras del Congreso aprobaron la Sherman Antitrust Act en 1890 casi de manera automática, con un solo voto en contra (Kinter, 1964).

La estrategia austriaca frente a la contundencia del factor histórico que niega la autosuficiencia del mercado para proveer bienestar es simplemente ignorar dicho factor. Para los austriacos el hecho de que históricamente los gobiernos de una u otra manera hayan intervenido en la economía serviría para probar que no se habrían cumplido las condiciones para un eficaz libre mercado. Pero esto es mera retórica. Desde la creación del Estado moderno siempre ha existido un grado de intervención en la economía dado que esta no es un ente abstracto sino que necesita de instituciones que construyan sus presupuestos y condiciones, ya se trate de un régimen ultraliberal o intervencionista. En dicho escenario, la autorregulación del mercado es una quimera (Polanyi, 2001; Hogson, 2001), más bien el desarrollo de los hoy países industriales no tienen nada que ver con esta idea. Así, en el siglo diecinueve, mientras por un lado los mercados se extendieron por todo el globo, por otro lado, una red de medidas y políticas integraron poderosas instituciones designadas para complementar al mercado de trabajo, tierra y dinero (Polanyi, 2001).

Por eso, la escuela austriaca recurre a la retórica como último recurso. Así como hoy dicen que la única solución a la crisis es la “austeridad” y los “ajustes”, antes decían que regulación era igual que socialismo. Un gran ejemplo de esto es el clásico libro de Hayek “Camino de Servidumbre” (The road of Serfdom, 1945). Para Hayek cualquier intento de planificar o de “afectar” la competencia en el mercado, por más pequeño que sea, sería el comienzo de un camino que llevaría a un régimen donde las libertades individuales y la democracia se destruyan, tal como el nazismo. Si las predicciones de Hayek hubiesen sido correctas países como Suecia o Francia que aplicaron con mayor intensidad políticas redistributivas bajo el Estado de Bienestar serían hoy regímenes nazis. Si los fundamentos teóricos de Hayek hubiesen sido sólidos Estados Unidos se hubiese convertido también en un régimen nazi.

Pero, por supuesto, eso no sucedió, no porque en los 80s se terminó de derrumbar el Estado de Bienestar (pues Estados Unidos siguió y sigue planificando varios sectores como la agricultura, y Francia y Suecia muchos otros más), sino porque las premisas teóricas más que “técnicas” eran retóricas. El argumento en contra de cualquier tipo de intervención en el mercado no tiene base empírica y solo ha servido para legitimar agendas ideológicas. Lo paradójico es que justamente los “libertarios” (y el mismo Hayek) apoyaron regímenes autoritarios que implementaron a la fuerza las políticas neoliberales, como el caso de Pinochet en Chile (Klein, 2008; Gabriel, 1995).

IV. La insoportable levedad de la Escuela Austriaca.




“Cometí un error al presumir que el egoísmo de las organizaciones, especialmente los bancos… era tal que ellos eran los más capaces de proteger a sus propios accionistas”.

La crisis económica y todas sus repercusiones políticas son producto de un problema que es inherente al sistema capitalista: la acumulación de la riqueza no solo genera explotación y dependencia en grupos económicos, sino que además genera riesgo sistémico. Alan Greenspan admitió que había un error de fondo en las políticas implementadas. Los economistas de la Escuela austriaca no lo admiten. Persisten en culpar al Estado y ahora en el colmo de la desfachatez acusan a los miles de indignados en todo el mundo de ser ciegos que no ven como funcionan las cosas.

Pienso en la escuela austriaca y pienso en la “Insoportable levedad del ser” de Milan Kundera. La novela desarrolla la historia de 4 personajes que son descritos en torno a dos categorías “la pesadez y la levedad”. La historia es una invitación a reflexionar sobre cuál de estas categorías es mejor asumir para la vida: “Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será. Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes”.

La escuela austriaca y sus ecos han optado por la levedad, la fe ciega en dogmas irreales recubiertos de la retórica de la “libertad”, sin poner atención al mundo real, las relaciones de poder, los contextos, la historia. Lo grave es que muchas veces los “tecnócratas libertarios” son los que dictan las políticas públicas que se implementan bajo sus irreales esquemas mentales. Y más insoportable aún es ese aire de soberbia que tienen y que muchos incautos consideran como muestra de erudición.

Referencias

RAHN, Richard W., “What Caused the Financial Crisis?”, The Washington Times, November 16, 2010.

MAKIN, John H., “A Government Failure, Not a Market Failure”, Walt Street Journal, Thursday, July 2, 2009.

CALABRIA, Mark A., “Did Deregulation Cause the Financial Crisis?”, CATO Policy report, July/August 2009.

HAYEK, von Friedrich, The road of serfdom, Reader’s Digest, 1945, Reproducido por The Institute of Economic Affairs, UK, 1999.

MISES, Ludwing von, Human Action: A Treatise on Economics, Yale University, 1949, Revised edition, 1963.

SCHUMPETER, Joseph A., Capitalism, Socialism and Democracy, 3rd Edition, Harper Torchbooks, New York, 1962.

BRUNNERMEIER, Markus, CROCKETT, Andrew; GOODHART Charles; PERSAUD, Avinash D. and SHIN, Hyun, The Fundamental Principles of Financial Regulation, Geneva Reports on the World Economy 11, International Center for Monetary and Banking Studies, January 2009.

HOLTON, Glyn A., “Defining Risk, Risk in banking and financial markets”, Financial Analysts Journal, Vol. 60, Num 6, 2004.

HOWELLS, Peter and BAIN, Keith, Financial markets and institutions, Prentice Hall, fifth edition published 2007.

CASHMAN, Dennis, America in the Gilded Age, New York University Press, New York, 1984.

OSTAS, Daniel, “Postmodern Economic Analysis of Law: Extending the Pragmatic Visions of Richard A. Posner”, American Business Law Journal, Vol. 36, 1998.

KINTER, Earl, An Antitrust Primer, The Macmillan Company, New York, 1964.

HOGSON, Geoffrey, How economics forgot history: the problem of historical specificity in social science, Routledge, London New York, 2001.

POLANYI, Karl, The Great Transformation: the Political and Economic Origin of Our Time, Beacon Press, Boston, 2001.

KLEIN, Naomi, The shock doctrine: The rise of disaster capitalism, Penguin books, 2008.

GABRIEL VALDÉZ, Juan, Pinochet’s Economists: The Chicago School in Chile, Cambridge University Press, 1995.

KRUGMAN, Paul, The return of depression economics and the crisis of 2008, Norton & Company New York London, 2009.

RODRIGUEZ-GARAVITO, C., “Nike’s Law: The anti-sweatshop movement, transnational corporations and the struggle over international Labor Law in the Americas”. In: De Sousa, B. and Rodriguez, C. (eds), 2005. Law and Globalization from Below, Cambridge Univesity Press.

IUC Global Legal Standards Research Group, “At the End of the End of History - Global Legal Standards: Part of the Solution or Part of the Problem?”, Global Jurist, Volume 9, Issue 3 2009.

BULLARD, A. “Las lecciones de las cucharitas y los indignados”. En: Prohibido prohibir, blog (http://blogs.semanaeconomica.com/blogs/prohibido-prohibir/posts/las-lecciones-de-las-cucharitas-y-los-indignados-2).

Un video más por si quedaron las dudas…



sábado 8 de octubre de 2011

What is “post” in post-neoliberal economic policy?: Extractive industry dependence and indigenous land rights in Bolivia and Ecuador

Roger Merino Acuña(*)


Our only help to Chavez and others [Latin America’s left
governments] is to be, when they deserve it, ruthlessly
critical. This is how they should be treated seriously

Slavoj Žižek
What does it mean to be revolutionary today? Marxism (Conference), Bloomsbury 2009


I. Introduction.

Bolivia and Ecuador are considered examples of post-neoliberal regimes: both have left governments which have been supported by strong social movements, and have been legitimized in a radical democratic process. Both regimes have enacted innovative constitutions which recognize autonomy and political participation for indigenous people, strong protection of the environment and a universal social welfare system.

In the economic arena, both regimens have blamed neoliberalism for their poor economic conditions, and have promoted nationalization of the hydrocarbon sector and a more equal distribution of wealth. However, these economic policies have been criticized from the right and from the left political spectrum. The neoliberal critique argues that these economic reforms are driven by populism; they threat international investment and reduce the possibilities to obtain economic development. On the other hand, the critique from the left asserts that there was not nationalization in reality, and most important, these countries still depend on the extractive industry and foreign capital.

The critique from the left is especially relevant because it denies the idea that there is something really “post” in the post-neoliberal economic policy of Bolivia and Ecuador. This argument can explain why in these countries still indigenous people are affected by dispossession of their land, resulting in a contradiction with the social improvements recognized legally. Likewise, this critique points out how economic dependence is perpetuated by institutional and economic constraints.

This essay will focus on this critique to explain the economic policies in both countries and the social conflicts triggered by their implementation. The first part will analyze the political economy in Bolivia in a historical perspective, the real meaning of the nationalization of the hydrocarbon sector, and the limitations and critiques of Morales’ agenda. Then, it will analyze the political economy of Ecuador, the dependence on oil extraction, the attempts to change the pattern of economic development, and the change in the political discourse and praxis in Correa’s administration. Finally, it will argue that the essence of the political economy in both countries is the dependence on extractives industries resulting in accumulation by dispossession of indigenous communities.

(...)

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El ensayo completo puede verse en: http://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=1938677

Se trata de un análisis del porqué de la persistencia de conflictos sociales sobre la tierra indígena en regímenes "post-neoliberales". Importante para el análisis legal, económico y político de la realidad peruana porque nuestro país se está convirtiendo aparentemente en un régimen "post-neoliberal".